13 febrero, 2009

Barack Berry


Son las 8:42 de una mañana de invierno y me desplazo a casi 300 kilómetros por hora mientras escribo estas líneas. Evidentemente viajo en AVE dirección Madrid y la temperatura exterior es de 12ºC. Vivo en un mundo interconectado y vivo deprisa, cada vez más. Nadie escapa a la velocidad tecnológica de productos y gadgets que nos hacen la vida más fácil. Ni Barack Hussein Obama escapa a las tiranías que todo progreso genera.

Nuestro nuevo presidente, porque un poco nuestro sí es ¿verdad?, es usuario de BlackBerry. Un artilugio, un dispositivo que permite enviar y recibir correo electrónico donde quiera que estés entre otro sinfín de posibilidades y prestaciones que ofrece. Obama sin saberlo, o tal vez sí, ha orquestado la mejor campaña de relaciones públicas y comunicación para un producto de esta era digital. Obama es BlackBerry.

Obama usó BlackBerry durante los dos años de su campaña presidencial por Estados Unidos. Hace nada, a pocos días de ser presidente, sus asesores le comunicaron que debería abandonar el uso del dispositivo por motivos de seguridad nacional: el correo del presidente podría ser interceptado por hackers y ese riesgo no era asumible. Será que los informáticos de la Casa Blanca no conocen Kaspersky, antivirus…

Finalmente Obama se ha salido con la suya y seguirá llevando consigo su BarackBerry a todas partes, blindada eso sí contra todo tipo de ciberataques. Ni en el mejor de los sueños nadie en el headquarters londinense de la firma de telecomunicaciones habría soñado nunca que un líder de opinión como Obama haría product placement de tal magnitud a su producto.

BlackBerry era hace unos años un concepto único, diferente y poco conocido entre el usuario final. Costó tiempo y una fuerte inversión en relaciones públicas y publicidad para que lentamente el dispositivo se hiciera un hueco en el agresivo y cambiante mercado de las telecos.

Confieso que a mis 36 años he llegado ahora –tarde, ya sé- a descubrir las ventajas de la BarackBerry o Black&Decker, como la llama un buen amigo mío que se desenvuelve con soltura en Telefónica I+D. “La llaman la Black&Decker porqué es un verdadero taladro estar todo el día conectado al email”, me dijo. La verdad, el invento me convence y es que no puedo negar que me gustan los cambios, me gusta adaptarme y empezar de nuevo una y otra vez.

Mi mundo son las relaciones públicas, los eventos, el marketing y la comunicación sea en el formato que sea. Es la pasión que llevo en la sangre y me gusta estar conectado a mi entorno. Estoy en facebook, en linkedin y en Xing (antes Neurona), conecto el laptop y enciendo mi acceso a Messenger, envío y recibo SMS’s y MMS’s y hablo mucho por teléfono, me encanta. Soluciono más cosas a veces con una llamada que con 5 emails.

El mail, sin embargo, es la palabra escrita y queda, siempre queda. Como estas líneas. Sigo en el tren y son las 9:19. La velocidad, estable a 259 kilómetros por hora, la temperatura baja a medida que nos acercamos a Madrid: ahora fuera del tren el termómetro indica 6º C. Viajo deprisa y vivo deprisa. Como Barack Obama con su BlackBerry. ¡Como me gusta el tren!

Por Josep